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Los 10 Mandamientos: texto y explicación

Equipo ReligionHoy
Lectura: 18 min
Actualizado: 25 de septiembre de 2026

Los diez mandamientos de la ley de Dios, uno a uno, con el texto y lo que significa cada uno en la vida de hoy.

Los 10 Mandamientos: texto y explicación

Los 10 Mandamientos — Texto Completo, Explicación y Significado Actual

Los 10 Mandamientos son el fundamento de la moral cristiana y judía. Dios los entregó a Moisés en el Monte Sinaí hace más de tres mil años, y siguen siendo tan actuales como el primer día. No son una lista de prohibiciones arbitrarias: son el camino para vivir en plenitud, en relación auténtica con Dios y con los demás.

En este artículo encontrarás el texto completo de los 10 Mandamientos, su explicación práctica y su significado para la vida de hoy.


Los 10 Mandamientos de la Iglesia Católica — Texto Completo

Según la tradición catequética católica, los mandamientos se presentan así:

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.

2. No tomarás el nombre de Dios en vano.

3. Santificarás las fiestas.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

5. No matarás.

6. No cometerás actos impuros.

7. No robarás.

8. No darás falso testimonio ni mentirás.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

10. No codiciarás los bienes ajenos.


Los 10 Mandamientos en la Biblia (texto original)

El texto bíblico de los mandamientos aparece en dos lugares: Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:6-21. El texto del Éxodo dice:

"Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.

No tendrás otros dioses delante de mí.

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para el Señor tu Dios.

Honra a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo."


Explicación de Cada Mandamiento

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

Este mandamiento resume toda la relación del ser humano con Dios. "Sobre todas las cosas" significa que Dios ocupa el primer lugar: por encima de los bienes materiales, del éxito, del placer y de las personas. No porque las cosas buenas del mundo no importen, sino porque solo cuando Dios ocupa el centro todo lo demás encuentra su lugar correcto.

Se viola cuando: se da a algo o alguien el lugar que solo Dios merece (dinero, poder, otra persona como ídolo absoluto), se practica la idolatría, la magia o la superstición.

2. No tomarás el nombre de Dios en vano

El nombre de Dios es sagrado porque Él mismo es sagrado. Usarlo en maldiciones, insultos o de manera frívola es una falta de respeto a quien nos da el ser y la vida.

Se viola cuando: se jura en falso invocando a Dios, se usa su nombre como insulto o imprecación, se blasfema contra Dios o los santos.

3. Santificarás las fiestas

Dios descansó el séptimo día (Génesis 2:2-3) y mandó al pueblo que lo imitara. Para los católicos, el domingo es el día del Señor: el día de la Resurrección de Cristo. Santificarlo significa, ante todo, participar en la Santa Misa.

Se viola cuando: se omite la Misa dominical sin causa justificada, se trabaja innecesariamente impidiendo el descanso y la oración, se trata el domingo como cualquier otro día.

4. Honrarás a tu padre y a tu madre

Es el primer mandamiento con promesa: "para que se prolonguen tus días en la tierra" (Éxodo 20:12). Los padres son los primeros representantes de la autoridad de Dios ante los hijos. Honrarlos implica obediencia cuando se es pequeño, y cuidado y respeto cuando son mayores.

Se viola cuando: se desprecia, insulta o abandona a los padres, se les falta el respeto, o —en sentido amplio— se rechaza toda autoridad legítima.

5. No matarás

La vida humana es sagrada porque el hombre es imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27). Este mandamiento protege la vida desde la concepción hasta la muerte natural. El Catecismo incluye aquí la condena del aborto, la eutanasia y el suicidio, así como la obligación de cuidar la propia salud.

Se viola cuando: se quita la vida injustamente, se hace daño físico grave al prójimo, se practica o promueve el aborto o la eutanasia.

6. No cometerás actos impuros

La sexualidad humana es buena porque viene de Dios. Este mandamiento la ordena: el sexo encuentra su lugar propio en el matrimonio entre hombre y mujer. La castidad no es enemiga del amor sino su guardia.

Se viola cuando: se practican relaciones sexuales fuera del matrimonio, se consume pornografía, se cometen actos contrarios a la castidad según el estado de vida de cada persona.

7. No robarás

La propiedad privada existe y debe respetarse. Pero el mandamiento va más allá: prohíbe toda forma de tomar lo ajeno injustamente, incluyendo el fraude, el engaño y la corrupción.

Se viola cuando: se roba, se defrauda, se corrompe, se retiene el salario justo, se usa la propiedad de otros sin permiso.

8. No darás falso testimonio ni mentirás

La verdad es el fundamento de toda convivencia humana. Mentir —especialmente en perjuicio de otro— destruye la confianza y la justicia.

Se viola cuando: se miente, se calumnia (afirmar algo falso de otro), se difama (revelar algo verdadero pero dañino sin causa), se hace juicio temerario.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros

El noveno y décimo mandamiento profundizan en los anteriores moviéndose al interior: no basta con no hacer el mal, hay que luchar contra los deseos desordenados del corazón.

Se viola cuando: se cultivan deliberadamente fantasías sexuales con personas que no son el propio cónyuge, se busca la pornografía o entretenimiento que excita estos deseos.

10. No codiciarás los bienes ajenos

La codicia es el deseo desordenado de tener lo que pertenece a otro. Es la raíz de muchos otros pecados: el robo, la envidia, la injusticia social.

Se viola cuando: se desea injustamente lo que pertenece al prójimo, se actúa movido por la envidia, se pone la propia felicidad en la acumulación de bienes materiales.


Los Mandamientos en Dos Tablas

Jesús resumió los 10 Mandamientos en dos:

"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas." (Mateo 22:37-40)

Los mandamientos 1 al 3 tratan la relación con Dios (primera tabla). Los mandamientos 4 al 10 tratan la relación con el prójimo (segunda tabla).


¿Son los 10 Mandamientos una Carga o una Liberación?

La cultura moderna tiende a ver los mandamientos como una lista de restricciones que limitan la libertad. La perspectiva cristiana es la opuesta: los mandamientos son el camino de la libertad verdadera.

Cuando no respetas la vida del otro, te conviertes en asesino. Cuando mientes, te conviertes en esclavo de tu mentira. Cuando robas, te conviertes en ladrón que vive en miedo. La transgresión de los mandamientos no libera: esclaviza.

El Papa Benedicto XVI lo expresó así: "Los mandamientos no son una prisión sino el mapa del territorio donde se puede vivir libre y plenamente."


Los 10 Mandamientos para Niños

Una forma sencilla de enseñarlos a los más pequeños:

  1. Quiero a Dios más que a todo.
  2. Digo el nombre de Dios con respeto.
  3. El domingo voy a Misa y descanso.
  4. Obedezco y quiero a mis papás.
  5. No hago daño a nadie.
  6. Me cuido y respeto mi cuerpo.
  7. No tomo lo que no es mío.
  8. Digo siempre la verdad.
  9. Tengo pensamientos buenos y puros.
  10. Me alegro de lo que tienen los demás.


Los cinco mandamientos de la Iglesia: no son los mismos

Es frecuente escuchar la expresión «mandamientos de la Iglesia» y asumir que se refiere a los diez que recibió Moisés en el Sinaí. Sin embargo, se trata de dos realidades distintas que conviene aclarar para evitar confusiones. Los cinco mandamientos de la Iglesia —también llamados preceptos— son normas disciplinarias establecidas por la autoridad eclesiástica para ayudar a los fieles a crecer en la vida cristiana. No pretenden reemplazar los diez mandamientos, sino concretar su observancia en la práctica de la fe católica.

El primero de estos preceptos obliga a oír misa entera los domingos y fiestas de guardar. No se trata únicamente de cumplir un mínimo, sino de participar activamente en la celebración eucarística, centro de la vida de la Iglesia. El segundo precepto establece la confesión de los pecados mortales al menos una vez al año, una práctica que preserva la salud espiritual y mantiene viva la conciencia de nuestra necesidad de la misericordia divina. El tercero exige comulgar por Pascua de Resurrección, vinculando así la recepción del Cuerpo de Cristo con el misterio central de nuestra salvación.

El cuarto mandamiento de la Iglesia prescribe ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Iglesia, especialmente durante el tiempo de Cuaresma y otros días señalados. Esta práctica de privación voluntaria educa en la libertad interior y solidariza con quienes carecen de lo necesario. Finalmente, el quinto precepto nos llama a ayudar a la Iglesia en sus necesidades, lo que incluye el sostenimiento material de las comunidades parroquiales, la promoción de obras de caridad y el apoyo a las iniciativas misioneras.

La confusión entre ambos conjuntos de mandamientos proviene, en parte, de que ambos son diez en número total si sumamos los cinco de la Iglesia a los diez del Decálogo. Además, tradicionalmente se enseñaban juntos en la catequesis como las «obligaciones del cristiano». Sin embargo, la diferencia es sustancial: los diez mandamientos son ley moral revelada por Dios, válida para toda la humanidad y conocible también por la razón; los cinco de la Iglesia son normas positivas de la autoridad eclesiástica, que pueden adaptarse a las circunstancias pastorales. Un católico puede, por grave enfermedad o impedimento legítimo, quedar dispensado del cumplimiento de un precepto eclesiástico sin que ello suponga violar la ley divina. En cambio, los diez mandamientos obligan siempre y en todas partes, porque expresan la verdad sobre el bien humano y la justicia.

Entender esta distinción permite vivir la fe con mayor claridad. Los cinco mandamientos de la Iglesia son caminos concretos para mantenernos en comunión con la vida sacramental y la misión de la Iglesia. Los diez mandamientos son la brújula moral que orienta toda nuestra existencia. Ambos se complementan, pero no deben confundirse.

Por qué católicos, protestantes y judíos los numeran distinto

Una curiosidad que sorprende a quienes comparan textos religiosos es que católicos, protestantes y judíos no coinciden en la numeración de los diez mandamientos, aunque el contenido sea exactamente el mismo. Esta diferencia no es fruto del capricho ni indica desacuerdo doctrinal sobre la sustancia de la ley moral. Responde, simplemente, a distintas tradiciones de agrupación del texto bíblico.

La tradición judía, que es la más antigua, considera el primer mandamiento la afirmación «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud». Este preámbulo identificatorio constituye para el judaísmo el fundamento de toda la alianza. El segundo mandamiento judío agrupa entonces la prohibición de otros dioses y la de las imágenes, que las tradiciones cristianas suelen separar. Los judíos dividen así los diez en dos grupos de cinco, correspondientes a las dos tablas de piedra.

Los protestantes, en su mayoría, siguen una numeración similar a la judía, aunque con matices. Para las iglesias reformadas, el primer mandamiento es la prohibición de tener otros dioses ante la presencia del Señor, y el segundo, la prohibición de hacer imágenes esculpidas. Esta división resalta la condena de la idolatría en sentido estricto. Los anglicanos y luteranos, sin embargo, han mantenido a veces agrupaciones distintas según sus propias tradiciones.

La tradición católica, desde los Padres de la Iglesia como san Agustín, ha optado por una numeración diferente. Para los católicos, el primer mandamiento une en una sola afirmación la prohibición de otros dioses y la de las imágenes: «No tendrás otros dioses delante de mí» y «No te harás escultura ni imagen alguna...». Esta unión no implica que la Iglesia menosprecie la cuestión de las imágenes; por el contrario, la teología católica ha desarrollado extensamente la distinción entre adoración debida solo a Dios y veneración de los santos. La elección de agrupar estas dos prohibiciones responde a entender que ambas protegen el mismo bien: la exclusividad de la alianza con Dios.

Esta diferente distribución obliga a un ajuste en el final de la lista. Si católicos unimos al principio lo que otros separan, debemos separar al final lo que otros unen. Así, el noveno y décimo mandamientos católicos distinguen entre no codiciar la mujer del prójimo y no codiciar sus bienes. Otras tradiciones agrupan ambas prohibiciones en un solo mandamiento. De nuevo, el contenido no varía: todos reconocen que la ley condena tanto la codicia de personas como la de posesiones.

Es importante subrayar que estas diferencias de numeración no han sido motivo de división entre cristianos. Los documentos de diálogo ecuménico han señalado reiteradamente que, más allá de cómo se cuenten, los diez mandamientos constituyen un patrimonio moral común. Cuando un católico dialoga con un protestante o con una persona de tradición judía sobre el respeto al sábado, la honra a los padres o la prohibición de matar, descubre que comparte los mismos principios fundamentales. La diversidad en la numeración es, en último término, un recordatorio de que la verdad moral trasciende las formas de presentación.

Los dos mandamientos en los que Jesús lo resumió todo

En el Evangelio encontramos un momento en que Jesús condensa toda la ley en dos mandamientos que, lejos de abolir los diez, los revelan en su profundidad. Cuando un doctor de la ley le pregunta cuál es el mandamiento más grande, el Señor responde citando el Deuteronomio: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Y añade inmediatamente: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». En estos dos amores, afirma, «se cifran toda la Ley y los Profetas».

Este resumen no es una simplificación que deje atrás el Decálogo, sino una iluminación de su sentido último. Los diez mandamientos se organizan precisamente en dos grupos correspondientes a estos dos amores. Los tres primeros —o cuatro, según la numeración— orientan nuestra relación con Dios: no tener otros dioses, no tomar su nombre en vano, santificar el día del Señor. Los restantes ordenan nuestra relación con el prójimo: honrar a padres y madres, no matar, no cometer adulterio, no hurtar, no mentir, no codiciar. Jesús no inventa una nueva estructura; la descubre donde ya estaba.

La novedad cristiana consiste en que estos dos amores se convierten en uno solo. En el discurso de la Última Cena, Jesús da un mandamiento «nuevo»: que nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado. Este amor recíproco entre discípulos es la manifestación visible del amor a Dios. San Juan lo expresa con radicalidad: «El que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve». Los dos mandamientos se implican mutuamente hasta confundirse en la práctica.

Así entendidos, los diez mandamientos dejan de ser una lista de prohibiciones para convertirse en descripciones del amor verdadero. No matar es la forma mínima del amor que preserva la vida del otro; no hurtar, la que respeta su trabajo y sus bienes; no mentir, la que honra su derecho a la verdad. Santificar el día del Señor es la forma concreta de poner a Dios en el centro de nuestra existencia temporal. Cada prohibición del Decálogo es un límite que protege un bien amable; cada bien amable es una participación del amor que Dios nos tiene y al que estamos llamados a corresponder.

Examinar la conciencia con los diez mandamientos

La revisión periódica de nuestra vida ante los diez mandamientos es una práctica antigua en la tradición cristiana. No se trata de una búsqueda de culpas ni de un ejercicio de autosuficiencia moral, sino de dejar que la palabra de Dios ilumine nuestras sombras y nos disponga a la conversión. A continuación se ofrece una guía sencilla, mandamiento por mandamiento, con preguntas que pueden ayudar en este examen.

Primer mandamiento: ¿He puesto en el centro de mi vida algo que no es Dios —el trabajo, el dinero, una persona, mi propia imagen? ¿He buscado en prácticas esotéricas, horóscopos o rituales paganos lo que solo Dios puede dar? ¿Mi fe es viva o se ha reducido a costumbre y formalismo?

Segundo mandamiento: ¿Uso el nombre de Dios para justificar mis decisiones cuando en realidad no le he pedido consejo? ¿He jurado en falso o he forzado a otros a hacerlo? ¿Mi manera de hablar de Dios transmite respeto y amor, o indiferencia y despreocupación?

Tercer mandamiento: ¿Dedico el domingo al descanso, la familia y la celebración de la eucaristía, o lo he convertido en día de trabajo o consumo desenfrenado? ¿Participo en la misa con atención y disposición, o mi presencia es meramente física? ¿Cuido de que quienes dependen de mí puedan también santificar el día del Señor?

Cuarto mandamiento: ¿Trato a mis padres con paciencia y gratitud, aunque sea difícil entenderlos? Si ya no están, ¿oro por ellos y procuro su memoria con cariño? Como padre o madre, ¿educo en la fe y en el respeto, o dejo que otros ocupen mi lugar? ¿Cumplo con responsabilidad las tareas que la sociedad me confiere?

Quinto mandamiento: ¿He herido a alguien con palabras o acciones? ¿He consentido en el daño ajeno por omisión o silencio cómplice? ¿Cuido mi salud sin caer en la obsesión por el cuerpo? ¿He alimentado pensamientos de odio o deseo de venganza? ¿Mi manera de conducirme respeta la vida de los demás?

Sexto mandamiento: ¿He reducido el amor a uso del cuerpo del otro? ¿He consentido pensamientos o deseos que tratan a las personas como objetos? ¿He sido fiel en mi matrimonio, o he alimentado fantasías y situaciones que debilitan la confianza? ¿He contribuido con mi silencio a que otros caigan en la infidelidad o la impureza?

Séptimo mandamiento: ¿He tomado lo que no me pertenece, aunque sea pequeño? ¿He pagado justamente el trabajo de los demás, o he buscado siempre el precio más bajo sin considerar las condiciones laborales? ¿He devuelto lo prestado y cumplido mis compromisos económicos? ¿He dañado el bien ajeno por descuido o malicia?

Octavo mandamiento: ¿He dicho verdades a medias para quedar bien? ¿He difundido informaciones que dañan la reputación de otros sin estar seguro de su veracidad? ¿He corregido cuando he escuchado calumnias, o las he dejado pasar? ¿Soy honesto en mi trabajo académico y profesional? ¿La imagen que doy de mí en las redes corresponde a la realidad?

Noveno mandamiento: ¿Deseo la vida de otros —su familia, su estabilidad, su alegría— con envidia que me corroe? ¿He alimentado fantasías de posesión de personas que no me corresponden? ¿He tratado de seducir a alguien que está comprometido con otro?

Décimo mandamiento: ¿Me identifico por lo que tengo más que por lo que soy? ¿He deseado los bienes de otros hasta el punto de no disfrutar los míos? ¿He justificado la desigualdad como inevitable, o he trabajado por una sociedad más justa? ¿El consumo me domina, o soy libre para servir?

Este examen no debe concluir en la tristeza, sino en la confianza. Dios que nos da la ley nos da también la gracia para cumplirla, y su misericordia es mayor que nuestras infidelidades.

Los diez mandamientos en la vida de hoy

Los diez mandamientos no son un código arcaico sino una brújula para navegar las aguas de la existencia contemporánea. Su sabiduría se hace presente en situaciones cotidianas que reconocemos sin dificultad.

En el trabajo, el mandamiento del sábado cobra nueva relevancia en una cultura de disponibilidad permanente. Respetar el descanso no es nostalgia de tiempos pasados, sino resistencia contra la lógica que reduce a las personas a productores. Quien sabe parar, reconoce que su valor no depende de su rendimiento. El mandamiento de no hurtar se traduce en honestidad profesional: no apropiarse de ideas ajenas, no falsear datos, no explotar la ignorancia del cliente.

Las redes sociales plantean desafíos a varios mandamientos. El de no tomar el nombre de Dios en vano se relaciona con la banalización de lo sagrado en memes y comentarios despectivos. El de no mentir se ve afectado por la facilidad para difundir noticias falsas sin verificarlas. El de no codiciar adquiene rostro nuevo en la comparación constante con vidas ajenas, seleccionadas y exhibidas. La tentación de construir una identidad digital que no corresponde a la realidad afecta también al mandamiento de la verdad.

El dinero interpela directamente varios preceptos. No tener otros dioses es la pregunta radical sobre qué ocupa el trono de nuestro corazón. La codicia, que el Decálogo condena explícitamente, se manifiesta en la acumulación sin fin, en la apuesta especulativa que olvida que detrás de los números hay personas, en la evasión fiscal que empobrece los servicios públicos. La justicia fiscal y la transparencia son hoy formas concretas de no hurtar.

La familia sigue siendo el ámbito privilegiado donde se practica el honor a padres y madres, ahora en contextos de mayor longevidad y, a menudo, de distancia geográfica. Cuidar de quienes nos precedieron es una responsabilidad que la sociedad moderna tiende a externalizar, pero que el mandamiento sigue reclamando como personal. La fidelidad matrimonial, en tiempos de fragilidad de los vínculos, requiere una renovada conciencia de que el amor es decisión antes que sentimiento.

La verdad pública es otro campo donde los mandamientos hablan con urgencia. En un entorno de posverdad, donde la persuasión política a menudo prescinde de la correspondencia con los hechos, el octavo mandamiento recupera su fuerza profética. Ser persona de palabra, en la política, en el periodismo, en la vida privada, es contribuir a la confianza sin la cual no hay convivencia posible.

Finalmente, la vida —desde su concepción hasta su término natural— sigue siendo el bien primero que los mandamientos protegen. Las tecnologías biomédicas plantean interrogantes nuevos sobre lo que significa no matar, respetar la dignidad de cada existencia, no reducir a los demás a medios para fines ajenos. La coherencia entre lo que se defiende y cómo se vive es aquí especialmente exigente.

Los diez mandamientos, lejos de ser una carga, son invitación a la libertad plena. Quien los vive descubre que no son restricciones externas sino la descripción de una vida que merece la pena ser vivida.


Los 10 Mandamientos en el Catecismo

El Catecismo de la Iglesia Católica dedica una parte completa (artículos 2052-2550) al estudio detallado de los 10 Mandamientos. Los presenta no como obligaciones externas sino como expresión de la alianza de amor entre Dios y su pueblo.

El CCC enseña que los mandamientos iluminan la conciencia, educan la libertad y revelan lo que el ser humano es en su profundidad: un ser hecho para amar a Dios y al prójimo.


Para profundizar en la vida moral cristiana, te recomendamos también Cómo Hacer un Buen Examen de Conciencia y El Sacramento de la Reconciliación.

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Preguntas Frecuentes

¿Cuáles son los 10 Mandamientos de la Biblia?▼
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas. 2. No tomarás su nombre en vano. 3. Santificarás las fiestas. 4. Honrarás a tu padre y madre. 5. No matarás. 6. No cometerás actos impuros. 7. No robarás. 8. No mentirás. 9. No consentirás pensamientos impuros. 10. No codiciarás los bienes ajenos.
¿Dónde están los 10 Mandamientos en la Biblia?▼
Los 10 Mandamientos aparecen en dos libros del Antiguo Testamento: Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:6-21. La Iglesia Católica basa su versión catequética en ambos textos, adaptando el lenguaje bíblico original a una formulación más sencilla para la enseñanza.
¿Cuál es el mandamiento más importante?▼
El mismo Jesús respondió a esta pregunta: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente" (Mateo 22:37). El segundo es "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." De estos dos dependen todos los demás mandamientos.
¿Los mandamientos son para los católicos o para todos?▼
Los 10 Mandamientos son parte del llamado "derecho natural", es decir, principios morales que la razón humana puede conocer independientemente de la revelación religiosa. Aunque fueron entregados al pueblo de Israel y son centrales en la tradición cristiana y judía, su contenido moral (no matar, no robar, honrar a los padres) es universal.
¿Los protestantes tienen los mismos 10 Mandamientos que los católicos?▼
La numeración difiere ligeramente. Los católicos (y luteranos) agrupan la prohibición de ídolos dentro del primer mandamiento y dividen la codicia en dos (noveno y décimo). Los protestantes reformados separan la prohibición de ídolos como segundo mandamiento y fusionan los dos últimos en uno. El contenido es esencialmente el mismo.

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