Oración de Sanación — Para el Cuerpo, la Mente y el Alma
Oraciones de sanación poderosas para pedir curación física, emocional y espiritual. Aprende a rezar por sanación interior, heridas del pasado y enfermedades con fe católica.

Índice del artículo
Oración de Sanación
La sanación que necesitamos no siempre es física. A veces la herida está en el alma: el rencor que no podemos soltar, el dolor de un rechazo, el peso de un pecado, la tristeza que no se va. La tradición católica enseña que Jesucristo vino a sanar al ser humano completo: cuerpo, mente y espíritu.
En este artículo encontrarás oraciones de sanación para cada dimensión de la persona, con fe y esperanza.
Oración de Sanación Física
Señor Jesús, Tú que pasaste haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos, te pido hoy la sanación de mi cuerpo.
Conoces cada célula de mi cuerpo porque Tú mismo me creaste. Conoces esta enfermedad, este dolor, esta limitación que hoy me pesa. Y también conoces Tu propio poder sobre la vida y la salud.
Te pido que Tu mano sanadora toque mi cuerpo. Que los médicos tengan acierto. Que los medicamentos actúen. Que mi sistema inmunológico responda. Que la naturaleza que Tú mismo diseñaste trabaje a mi favor.
Si Tu voluntad es la sanación, que se manifieste. Si Tu voluntad incluye un tiempo de enfermedad, dame la gracia de atravesarlo sin perder la fe. Dame tu paz que sobrepasa todo entendimiento.
Amén.
Oración de Sanación Interior (Emocional)
Las heridas emocionales son a veces más profundas y duraderas que las físicas:
Señor Jesús, hay heridas en mi interior que los médicos no pueden ver. Heridas de rechazo, de abandono, de traición, de pérdida.
Tú que sufriste en la Cruz el rechazo de los suyos, el abandono de los discípulos y la traición de Judas, conoces desde adentro el dolor que yo siento.
Te pido que entres a esas habitaciones oscuras de mi corazón donde yo mismo/a no me atrevo a mirar. Con tu luz, ilumínalas. Con tu amor, sánalas. Con tu verdad, libéralas.
Sana mis recuerdos dolorosos. No te pido que los borres, sino que los transformen: que donde había dolor haya comprensión, donde había amargura haya perdón, donde había miedo haya amor.
Amén.
Oración de Sanación del Recuerdo
Señor, hay momentos de mi pasado que todavía duelen cuando los recuerdo. Momentos que no pude elegir, situaciones que me dañaron, personas que me hirieron.
Te pido que regreses conmigo a esos momentos y que estés presente en ellos. Que allí donde yo estuve solo/a, ahora pueda verte a Ti. Que donde sentí que nadie me protegía, ahora sienta Tu brazo.
Sana mis recuerdos con Tu presencia. No cambies lo que ocurrió —eso no puedes cambiarlo—, pero transforma lo que significa para mí. Amén.
Oración de Sanación Espiritual (Por el Pecado)
Señor, también necesito ser sanado/a de mis propias faltas. Del orgullo que me ciega, de la envidia que me envenena, de la impureza que me esclaviza.
Tú eres el médico del alma. Sana mis tendencias al mal que reconozco pero que no puedo vencer con mis propias fuerzas. Donde yo soy débil, sé Tú fuerte.
Lávame de toda culpa y renuévame por dentro. Amén.
Oración de Sanación a la Virgen María
Virgen María, madre de los enfermos y de los que sufren, a ti me dirijo pidiendo sanación.
Tú que viste sufrir a tu Hijo en la Cruz sin poder hacer nada más que estar presente, enseñame también a mí a estar presente en mi dolor sin perder la esperanza.
Intercede ante Jesús por mi sanación. Que tu amor maternal llegue antes que mis palabras. Que tu mirada de madre convenza a tu Hijo de tener misericordia de mí.
María, salud de los enfermos, ruega por nosotros. Amén.
Oración de Sanación para Otra Persona
Señor, en este momento pienso en (nombre) que está sufriendo. No tengo el poder de sanarle, pero Tú sí lo tienes.
Le encomiendo a Ti. Sé su médico donde la medicina humana tiene límites. Sé su consolador donde las palabras humanas se quedan cortas. Sé su fuerza donde el ánimo flaquea.
Y mientras Tú obras en él/ella, ayúdame a mí a ser un instrumento de Tu amor: un oído que escucha, una mano que sostiene, una presencia que acompaña. Amén.
¿Qué es la Sanación Interior?
El término "sanación interior" se popularizó en la Iglesia Católica en los años 70, especialmente a través del trabajo de la hermana Agnes Sanford y autores como el padre Francis MacNutt.
La sanación interior parte de una verdad bíblica: Jesús no solo curó enfermedades físicas. También liberó a personas de cadenas invisibles —miedos, traumas, pecados, demonios— que impedían su plenitud humana.
La sanación interior no reemplaza a la psicología ni a la psiquiatría. Las complementa desde la fe. Es el reconocimiento de que el ser humano tiene dimensiones que la ciencia no puede abordar completamente.
Cómo Pedir la Sanación con Fe
1. Cree que Dios puede
La sanación requiere fe, no certeza. No tienes que estar seguro de que Dios te sanará; tienes que creer que puede. "Todo es posible para el que cree" (Mc 9, 23).
2. Sé específico
Nombra lo que pides: "Señor, sana mi rodilla", "Señor, sana mi depresión", "Señor, sana mi relación con mi madre". Dios conoce todo, pero ser específico es un acto de confianza.
3. Entrega el resultado
Puedes pedir con toda la fuerza de tu fe y al mismo tiempo decir "pero sea Tu voluntad". No es falta de fe: es madurez espiritual. Jesús mismo lo hizo en Getsemaní.
4. Persevera
A veces la sanación es instantánea. A veces es un proceso. La parábola del juez injusto (Lc 18) nos enseña que hay que insistir en la oración sin desanimarse.
5. Da gracias de antemano
Dar gracias antes de ver el resultado es el acto de fe más audaz que existe. "Padre, te doy gracias porque me escuchas siempre" (Jn 11, 41), dijo Jesús antes de resucitar a Lázaro.
La unción de los enfermos: el sacramento que mucha gente pide tarde
La unción de los enfermos es uno de los siete sacramentos de la Iglesia católica, y sin embargo sigue siendo uno de los menos conocidos y, paradójicamente, uno de los que más tarde se solicita. Muchos creyentes, incluso practicantes, asocian este sacramento exclusivamente con la hora de la muerte, cuando en realidad su finalidad es mucho más amplia y su momento más oportuno es antes, no al final.
Este sacramento se administra a los enfermos graves y a los ancianos que atraviesan una dolencia que pone en riesgo su vida o que supone una prueba importante para su existencia. No se trata, pues, de un rito reservado únicamente para quien está a punto de morir. La Iglesia desea que los fieles lo reciban cuando la enfermedad es seria, no cuando ya es irreversible. De ahí que sea recomendable pedirlo en el momento adecuado, cuando la persona aún puede participar conscientemente y recibir con plenitud sus gracias.
El sacerdote administra la unción con aceite bendecido, imponiendo las manos sobre la cabeza del enfermo y orando por su alma y su cuerpo. El rito incluye la confesión de los pecados si la persona está en disposición de hacerla, la unción con el santo óleo en la frente y las manos, y la comunión como viático si procede. La gracia sacramental confiere fortaleza, paz y ánimo para soportar el sufrimiento, perdona los pecados si el enfermo no puede confesarse, y, si Dios lo dispone, puede acompañarse de una mejora o incluso de la curación física.
Un aspecto poco conocido es que este sacramento puede recibirse más de una vez. Si el enfermo, tras haber sido ungido, experimenta una nueva agravación de la dolencia, o si padece otra enfermedad grave distinta, tiene derecho a solicitar nuevamente la unción. También pueden recibirla quienes, habiendo envejecido, ven mermadas sus fuerzas de manera significativa, aunque no padezcan una enfermedad específica.
Para pedir la unción de los enfermos, basta con dirigirse al párroco de la parroquia más cercana o al capellán del hospital. Muchas diócesis disponen de sacerdotes que se desplazan a domicilio para administrar el sacramento a quienes no pueden trasladarse. Es conveniente no dejar pasar los días: cuanto antes se solicite, mayor será el consuelo que el enfermo pueda recibir. La familia también puede preparar el momento: disponer un pequeño altar con una cruz, una vela y, si es posible, las imágenes de la Virgen y los santos preferidos del enfermo, crear un ambiente de recogimiento y rezar junto al enfermo antes y después del rito.
La Iglesia insiste en que la unción de los enfermos no es un sacramento de despedida, sino de fortaleza. Quien lo recibe con fe experimenta una gracia particular para unir su sufrimiento al de Cristo, para aceptar la voluntad de Dios y para mantener la esperanza incluso en las circunstancias más adversas. Pedirlo a tiempo es un acto de amor hacia el enfermo, que merece acompañarse de todos los medios espirituales que la fe pone a su disposición.
Oración por un hijo enfermo
Cuando un hijo enferma, el mundo se detiene. No importa si tiene cinco años o cincuenta: para un padre o una madre, ver sufrir a quien más se ama es una de las pruebas más duras de la existencia. La oración en estos momentos no es una evasión, sino un refugio donde descansar, un lugar donde depositar lo que las manos no pueden arreglar y las palabras no pueden aliviar.
Esta oración está pensada para rezar en silencio, quizás mientras se vigila el sueño del pequeño, mientras se espera en el pasillo del hospital, o en esas madrugadas en que el miedo no deja descansar:
Señor, tú que miraste con ternura a los niños que se acercaban a ti, mira ahora a mi hijo. Tú conoces su cuerpo mejor que ningún médico, porque lo formaste en el seno de su madre. Conoces cada célula, cada latido, cada sueño que se ha visto interrumpido por esta enfermedad. Te pido por su salud, sí, con todo el anhelo de mi corazón de padre/madre. Pero te pido también, y más aún, que él/ella no pierda la alegría, que no se sienta abandonado/a, que sienta tu presencia más allá de los síntomas y los tratamientos. Si la curación tarda en llegar, dame paciencia para acompañar sin desesperar. Si llega pronto, dame gratitud que no se apague. Y si tu voluntad es distinta de la mía, dame la gracia de aceptarla sin amargura, confiando en que tu amor es mayor que mi entendimiento. Amén.
Para los momentos junto a la cama, cuando las palabras largas pesan, esta breve oración puede rezarse tomando la mano del enfermo, en voz alta si él o ella puede escuchar, o en silencio si duerme o no puede responder:
Jesús, buen pastor, quédate con nosotros. Tu paz, Señor. Tu paz.
Rezar por un hijo enfermo también implica rezar con él, cuando es posible. Adaptar las oraciones a su edad, respetar sus silencios, no forzar la religiosidad en momentos de irritabilidad o dolor. Algunos padres encuentran consuelo en consagrar a su hijo a la Virgen, confiándole su salud y su destino. Otros prefieren la sencillez de un Padrenuestro dicho junto a la almohada. Lo importante es que la oración no se convierta en una carga más para el enfermo, sino en un gesto de cercanía que respeta su situación.
La enfermedad de un hijo puede despertar en los padres sentimientos de culpa, de impotencia, de rabia incluso contra Dios. Estas emociones son normales y no deben reprimirse. La oración puede acogerlas todas, sin necesidad de fingir una paz que no se siente. Decirle a Dios "no entiendo", "me duele", "tengo miedo" es también orar. Y es una oración que Él escucha, porque viene de la verdad del corazón.
Rezar cuando la sanación no llega
Hay oraciones que parecen quedarse sin respuesta. Días, semanas, meses de súplica que no se traducen en mejora visible. Para quien reza desde la fe, esta situación es una de las más difíciles de sostener. No se trata de una crisis de fe teórica, sino de una herida viva: el silencio de Dios en medio del sufrimiento de quien se ama.
Lo primero que conviene recordar es que no hay culpa en la enfermedad. Ni la fe insuficiente del enfermo, ni la de quienes rezan por él, son la causa de que la sanación no llegue. Esta idea, a veces sostenida incluso por creyentes bienintencionados, es teológicamente errónea y pastoralmente destructiva. Jesús mismo rechazó la conexión automática entre sufrimiento y pecado, y la Iglesia insiste en que la oración de sanación nunca garantiza la curación física. Pedir con fe no significa exigir resultados, sino confiar en la presencia de Dios independientemente de los resultados.
Cuando la sanación no llega, la oración debe transformarse. Deja de ser principalmente petición para convertirse en acompañamiento, en presencia, en el gesto de quien se queda junto al enfermo sin tener qué decir. Los salmos de lamentación, tan frecuentes en la Escritura, dan voz a esta situación: "¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?" (Sal 13). Rezar así no es falta de fe, sino expresión de una fe madura que no necesita mentirse a sí misma.
Para quien acompaña, la tentación es buscar explicaciones que consuelen. Pero las explicaciones fáciles —"Dios lo permite para algo bueno", "todo tiene un sentido que después entenderemos"— suelen sonar huecas cuando el dolor es agudo. Es más honesto y más útil callar, llorar si es necesario, y simplemente estar. La oración en estos momentos puede reducirse a la compañía silenciosa, a la lectura del Evangelio sin comentar, a la ofrenda de las propias lágrimas.
También es importante cuidar la propia relación con Dios. El desencanto puede llevar al abandono de la oración, lo cual es comprensible pero no necesario. Algunos creyentes encuentran útil cambiar el modo de rezar: si la petición repetida genera ansiedad, puede sustituirse por la lectio divina, por la adoración eucarística, o por la simple repetición del nombre de Jesús. Otros descubren que la oración se hace más auténtica cuando deja de intentar convencer a Dios y se limita a expresar lo que realmente se siente, incluso si eso es enojo o desilusión.
La Iglesia tiene una larga tradición de acompañamiento en estos casos: los ritos de bendición de los enfermos, la unción que ya hemos mencionado, las peregrinaciones que no siempre traen la curación esperada pero sí un alivio en el camino. La comunidad cristiana está llamada a ser presencia de Cristo que no cura siempre pero siempre acompaña. Y esa presencia, aunque no lo parezca, es también respuesta a la oración.
Santos a los que se acude por la salud
A lo largo de los siglos, la Iglesia ha reconocido en ciertos santos una intercesión particular por los enfermos. No se trata de magia ni de garantías, sino de la confianza en que quienes ya están en la presencia de Dios pueden acompañar con eficacia a quienes todavía peregrinan. Tres son las figuras más destacadas en este ámbito: san Peregrino Laziosi, el arcángel san Rafael y la Virgen de Lourdes.
San Peregrino Laziosi (1260-1345) es invocado especialmente por los enfermos de cáncer. Peregrino fue un religioso servita que, según la tradición, padeció una grave enfermedad en una de sus piernas que le impedía caminar. La noche antes de una operación que le habían anunciado como inevitable, se quedó dormido rezando ante un crucifijo y soñó que Cristo le tocaba la pierna. Al despertar, estaba curado. Su vida posterior fue de intensa piedad y servicio a los enfermos. Hoy es patrono de quienes luchan contra el cáncer, y muchos peregrinan a su santuario en Forlì, Italia, o enriquecen con su nombre hospitales y asociaciones de enfermos.
Oración a san Peregrino:
San Peregrino, tú que conociste el miedo a la enfermedad y la alegría de la sanación, intercede por quienes ahora enfrentan el diagnóstico de cáncer. Acompáñalos en los días de quimioterapia, en las noches de incertidumbre, en las consultas donde se decide el tratamiento. Si Dios dispone su curación, que la reciban con gratitud; si debe prolongarse su prueba, que la soporten con paz. Y cuando llegue el momento, ayúdalos a entregar su vida con la misma confianza que tú tuviste ante el crucifijo. Amén.
El arcángel san Rafael es el mensajero de Dios cuyo nombre significa "Medicina de Dios" o "Dios sana". Aparece en el libro de Tobías como guía y protector del joven Tobías en su viaje, y como instrumento de la curación de su padre, el ciego Tobit. Por esta razón, la tradición cristiana le ha encomendado la protección de los viajeros, pero sobre todo de los enfermos. Es el santo patrono de los médicos, de los farmacéuticos y de todos los que ejercen la medicina como servicio.
Oración a san Rafael:
Arcángel san Rafael, mensajero de la salud divina, guía a los médicos que tratan a este enfermo, ilumina su diagnóstico, bendice sus manos en el tratamiento. Tú que sanaste la ceguera de Tobit, abre los ojos de quienes buscan la curación para que no pierdan de vista lo esencial. Sé compañero de camino en esta enfermedad, como lo fuiste de Tobías, y devuélvele sano a su casa si así lo dispone el Señor. Amén.
La Virgen de Lourdes es, sin duda, el referente mariano más importante en lo que respecta a la sanación. En 1858, la Virgen María se apareció a Bernadette Soubirous en la gruta de Massabielle, cerca del pueblo francés de Lourdes, y le pidió que rezara por los pecadores y que vinieran en procesión. Desde entonces, el santuario de Lourdes es el gran lugar de peregrinación de los enfermos del mundo entero. Millones de personas acuden allí cada año, muchas de ellas enfermas o con discapacidad, atraídas por la promesa de la Virgen y por las numerosas curaciones que se han registrado, algunas de ellas reconocidas oficialmente como milagrosas por la Iglesia. Pero más allá de las curaciones extraordinarias, Lourdes es sobre todo un lugar de conversión, de aceptación y de paz.
Oración a la Virgen de Lourdes:
Santa María, Virgen Inmaculada, tú que en Lourdes apareciste a una niña pobre y enferma, mira con amor a este hijo tuyo que sufre. Tú que dijiste a Bernadette "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro", danos la gracia de aceptar tu voluntad sin perder la esperanza. Si es tu deseo, pide a tu Hijo la sanación de este enfermo; si no, dale la fuerza para ofrecer su dolor junto al tuyo, junto al de la Cruz. Reina de los enfermos, ruega por nosotros. Amén.
Cómo organizar un rato de oración por un enfermo en casa
No siempre es posible acudir a un santuario o incluso a la iglesia. Muchas familias desean rezar por su familiar enfermo en la propia casa, creando un momento de recogimiento que fortalezca al enfermo y una a quienes le cuidan. Organizar este tiempo no requiere complejidad, pero sí cierta intencionalidad.
Quién puede participar. Puede ser un rato en familia, con los hijos y nietos presentes si el enfermo lo desea. También puede convocarse a amigos cercanos, a compañeros de parroquia, o incluso a un sacerdote o diácono si se desea una bendición formal. Lo importante es que la presencia de los demás no agote al enfermo: hay que respetar sus momentos de cansancio y sus necesidades físicas.
Cuándo hacerlo. El mejor momento es aquel en que el enfermo se encuentre más descansado, generalmente por la mañana o al atardecer. Evitar las horas de medicación o de procedimientos médicos. Si el enfermo duerme mucho, se puede rezar a su lado en voz baja, sin despertarle. La frecuencia depende de la situación: puede ser diaria, semanal, o en momentos especiales como antes de una operación.
Qué se lee. La estructura puede ser muy sencilla: un salmo (el 23, el 42, el 91 o el 103 que ya aparece en este artículo), una lectura breve del Evangelio (los pasajes de sanaciones de Jesús, o la escena de Getsemaní), y una oración de intercesión. Se puede incluir el rezo del rosario, adaptado a la capacidad de concentración del enfermo. Si hay niños, pueden participar con una oración aprendida o con un dibujo que ofrezcan.
Cuánto dura. Mejor breve y frecuente que largo y agotador. Veinte minutos pueden ser suficientes. Lo esencial es la calidad del acompañamiento, no la cantidad de palabras.
Qué hacer si el enfermo no puede hablar. Muchos enfermos graves pierden la capacidad de comunicación verbal. Esto no impide la oración. Se puede rezar en voz alta para que él o ella escuche, aunque no pueda responder. Se pueden tocar las partes del cuerpo que la tradición asocia con los sentidos (ojos, oídos, boca, manos, pies) pidiendo la bendición de cada uno. Se puede simplemente estar, en silencio, con una mano sobre la frente del enfermo. La fe no depende de la capacidad de articular palabras.
Al finalizar, es bueno dejar un tiempo de silencio, quizás con una vela encendida, y despedirse con una bendición sencilla. Si es posible, compartir luego un momento de convivencia: un café, una conversación ligera, algo que devuelva normalidad a un día marcado por la enfermedad.
Novena de sanación: los nueve días
La novena es una forma de oración que consiste en dedicar nueve días consecutivos a una intención particular, imitando el tiempo que la Virgen María y los apóstoles esperaron en oración entre la Ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. En el caso de la sanación, la novena permite ordenar la petición, acompañar al enfermo con constancia, y abrirse a la voluntad de Dios sin la ansiedad de la respuesta inmediata.
A continuación se propone una estructura para nueve días de oración, con una intención específica para cada jornada. Cada día incluye la recomendación de rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria, o el rosario completo si las fuerzas lo permiten.
| Día | Intención |
|---|---|
| 1 | Por la aceptación de la enfermedad |
| 2 | Por los médicos y el tratamiento |
| 3 | Por la paz del enfermo |
| 4 | Por la paciencia de los cuidadores |
| 5 | Por el perdón y la reconciliación |
| 6 | Por la comunión con Cristo sufriente |
| 7 | Por la esperanza en la resurrección |
| 8 | Por la entrega a la voluntad de Dios |
| 9 | Por la acción de gracias, sea cual sea el resultado |
Día primero: Por la aceptación de la enfermedad. El primer paso de toda sanación espiritual es dejar de luchar contra la realidad. Este día se pide la gracia de nombrar la enfermedad sin eufemismos, de reconocer el miedo que produce, y de confiar que Dios está presente incluso en lo que no se habría elegido.
Día segundo: Por los médicos y el tratamiento. La medicina es don de Dios, y quienes la ejercen merecen nuestra oración. Se pide por la sabiduría de los diagnósticos, la eficacia de los tratamientos, y la paciencia para cumplirlos. También por la humanidad de quienes cuidan, que a veces se ve mermada por la sobrecarga o la rutina.
Día tercero: Por la paz del enfermo. La ansiedad puede agravar el sufrimiento físico. Este día se pide para el enfermo la paz que el mundo no puede dar, la capacidad de descansar aunque el cuerpo duela, la confianza de que no está solo.
Día cuarto: Por la paciencia de los cuidadores. Quienes cuidan a un enfermo en casa llevan una carga invisible de cansancio y preocupación. Se pide por su fortaleza, por que no se agote su amor, por que encuentren también ellos momentos de descanso y de oración.
Día quinto: Por el perdón y la reconciliación. La enfermedad pone a prueba las relaciones y a veces saca a la luz heridas antiguas. Este día se pide por la capacidad de perdonar y de pedir perdón, por la sanación de las relaciones rotas, por que el enfermo no lleve consigo rencores en el corazón.
Día sexto: Por la comunión con Cristo sufriente. Jesús no eliminó el sufrimiento de los enfermos: lo asumió, lo santificó, lo transformó en camino de salvación. Se pide la gracia de unir el propio dolor al de Cristo en la Cruz, para que tenga sentido redentor.
Día séptimo: Por la esperanza en la resurrección. La fe cristiana no promete que nadie muera, sino que la muerte no tiene la última palabra. Este día se renueva la esperanza en la vida eterna, para el enfermo y para todos los que amamos.
Día octavo: Por la entrega a la voluntad de Dios. Es el día más difícil, porque pide dejar de imponer condiciones a Dios. Se ora para que se haga su voluntad, no la nuestra, confiando en que su amor es más sabio que nuestros deseos.
Día noveno: Por la acción de gracias, sea cual sea el resultado. La novena termina con gratitud. Si la sanación ha llegado, se da gracias. Si no, también: por el acompañamiento recibido, por la fe sostenida, por la esperanza que no se ha perdido. La acción de gracias es la oración más madura, la que reconoce que todo es don.
Salmo 103 — El Salmo de la Sanación
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y sana todas tus dolencias; Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
(Salmo 103, 2-4)
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Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.
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Preguntas Frecuentes
¿Qué es la oración de sanación en la Iglesia Católica?▼
¿Puede Dios sanar enfermedades hoy en día?▼
¿Qué es la sanación interior?▼
¿Cómo pedir sanación a Dios?▼
¿La oración de sanación reemplaza la medicina?▼
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