Fe Católica

El Credo Apostólico — Texto Completo, Significado Artículo por Artículo y Origen

Equipo ReligionHoy
Lectura: 16 min
Actualizado: 25 de septiembre de 2026

El texto completo del Credo Apostólico en español y latín, con el significado detallado de cada artículo, diferencias con el Credo Niceno, su historia y cuándo se reza. La profesión de fe más antigua del cristianismo.

El Credo Apostólico — Texto Completo, Significado Artículo por Artículo y Origen

El Credo Apostólico — Texto Completo, Significado y Origen

El Credo Apostólico es la profesión de fe más antigua y concisa del cristianismo. En doce artículos resume todo lo que un cristiano cree: quién es Dios, quién es Jesucristo, quién es el Espíritu Santo y cuál es el destino final del ser humano. Es la primera oración que se enseña en la catequesis y la última que muchos recitan antes de morir.


Texto Completo del Credo Apostólico

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.


El Credo Apostólico en Latín

Credo in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae.

Et in Iesum Christum, Filium Eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus, descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos.

Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam.

Amen.


Los 12 Artículos del Credo: Explicación Frase por Frase

"Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra"

"Creo" — No dice "sabemos" sino "creo". La fe es un acto personal. Cada cristiano hace esta profesión en primera persona.

"Padre Todopoderoso" — Dios no es un principio abstracto ni una energía impersonal. Es Padre: tiene una relación de amor con sus hijos. Y es Todopoderoso: nada escapa a su señorío.

"Creador del cielo y de la tierra" — Todo lo que existe —el universo visible e invisible— tiene su origen en Dios. No hubo creación por accidente ni el mundo es eterno por sí mismo.


"Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor"

"Su único Hijo" — Jesús no es un profeta ni un maestro más. Es el Hijo eterno de Dios, de la misma naturaleza que el Padre. Esto lo definió el Concilio de Nicea en el año 325.

"Nuestro Señor" — Kyrios en griego, Dominus en latín. El mismo título que se usaba para Dios en el Antiguo Testamento. Jesús es el Señor de la historia y de cada vida humana.


"Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen"

La Encarnación: Dios se hizo hombre. No adoptó un cuerpo aparente ni se fusionó con una criatura existente: el Hijo eterno tomó naturaleza humana desde el primer instante de su concepción en el seno de María. María es Virgen antes, durante y después del nacimiento de Jesús —dogma definido desde los primeros siglos.


"Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado"

El Credo es muy concreto: menciona a Poncio Pilato —gobernador romano de Judea entre el 26 y el 36 d.C.— como ancla histórica. La muerte de Cristo no es un mito: ocurrió en un tiempo, un lugar y bajo una autoridad documentada históricamente.

La crucifixión fue la pena capital romana para esclavos y rebeldes. Jesús la sufrió por amor y para redimir al ser humano del pecado.


"Descendió a los infiernos"

Esta frase desconcertante significa que Jesús, al morir, fue al lugar donde aguardaban los muertos —el sheol en hebreo, el hades en griego. Fue a anunciar a los justos que habían muerto antes de su venida que la salvación había llegado. No significa que Jesús fue condenado.


"Al tercer día resucitó de entre los muertos"

La Resurrección es el centro del Credo y del cristianismo entero. San Pablo lo afirmó con total claridad: "Si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe" (1 Corintios 15:17). Sin Resurrección, Jesús sería un maestro admirable pero muerto. Con la Resurrección, es el Señor vivo que transforma la historia y la vida de quien cree.


"Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso"

La Ascensión: cuarenta días después de la Resurrección, Jesús volvió al Padre. "Sentado a su derecha" es una expresión bíblica que significa participar del poder y la autoridad de Dios. Desde allí intercede por la humanidad.


"Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos"

El juicio final: la historia tiene un fin y ese fin implica rendir cuentas. Cada vida humana será juzgada. El juez es el mismo Jesús que murió y resucitó —no un juez ajeno, sino aquel que conoce por dentro la condición humana.


"Creo en el Espíritu Santo"

La tercera Persona de la Trinidad. Procede del Padre y del Hijo. Es el "Paráclito" (Abogado, Consolador) prometido por Jesús (Juan 14:16). Actúa en la Iglesia, en los sacramentos y en el interior de cada creyente.


"La Santa Iglesia Católica"

No es jactancia: "católica" viene del griego katholikos que significa "universal". La Iglesia fue fundada por Cristo sobre los apóstoles y continúa su misión en el tiempo. Es santa no por la perfección de sus miembros sino por su fundador y por los sacramentos que celebra.


"La comunión de los santos"

Los que vivimos en la tierra, los que se purifican en el purgatorio y los que ya gozan de Dios en el cielo formamos una sola comunidad. Podemos pedir la intercesión de los santos y ellos interceden por nosotros.


"El perdón de los pecados"

Dios perdona. Este artículo es una de las afirmaciones más consoladoras del Credo: ningún pecado humano es más grande que la misericordia de Dios. El perdón se recibe principalmente en el sacramento de la Reconciliación.


"La resurrección de la carne y la vida eterna"

El destino final del ser humano no es la desintegración sino la resurrección. El cuerpo también resucitará —glorioso y transformado— al final de los tiempos. Y la vida que comienza con el bautismo no termina con la muerte: dura para siempre.


Historia del Credo Apostólico

La tradición atribuye el Credo Apostólico a los doce apóstoles: cada uno habría aportado un artículo. Aunque esto es piadosa tradición y no historia documentada, lo que sí es cierto es que el Credo refleja la fe apostólica de los primeros siglos.

La forma más antigua conocida es la Regula Fidei (Regla de Fe) de los siglos II-III, usada como profesión bautismal en Roma. Su forma actual fue estabilizándose a lo largo del siglo VIII.

El Credo Niceno-Constantinopolitano (más largo, recitado en la Misa dominical) fue definido en los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381), ampliando el Credo Apostólico con mayor precisión dogmática sobre la naturaleza divina de Cristo y el Espíritu Santo.


¿Cuándo se Reza el Credo?

  • Al inicio del Rosario (la primera oración)
  • En la Misa dominical (se usa el Credo Niceno, más largo)
  • Al comienzo de las Horas de la Liturgia
  • Como profesión de fe personal en momentos de dificultad espiritual
  • En los ritos de iniciación cristiana (catecumenado)


Credo de los Apóstoles y Credo de la misa: por qué hay dos

El Credo de los Apóstoles no es el único credo que conoce la Iglesia católica. Aunque es el más antiguo y el que guarda una relación especial con el origen apostólico, existe otro de uso igualmente habitual: el Credo niceno-constantinopolitano, también llamado Credo de Nicea-Constantinopla. Este segundo es el que se reza cada domingo en la misa, mientras que el de los Apóstoles aparece en momentos distintos de la vida del creyente. Ambos, sin embargo, expresan la misma fe y guardan entre sí una profunda coherencia.

La diferencia principal está en la extensión. El Credo de los Apóstoles es breve, casi en forma de lista, y se puede memorizar con facilidad. El niceno-constantinopolitano desarrolla algunos artículos con mayor detalle, especialmente en lo que se refiere a la divinidad de Cristo y al Espíritu Santo. Esta ampliación respondió a necesidades históricas: en los primeros siglos del cristianismo surgieron interpretaciones erróneas sobre la naturaleza de Jesús y sobre el Espíritu, y los concilios ecuménicos de Nicea y Constantinopla clarificaron el lenguaje para que la fe quedara bien definida.

A pesar de estas diferencias de longitud, los dos credos no se contradicen. Dicen lo mismo de manera distinta. El breve sirve para la meditación personal y para momentos de oración como el rosario. El largo, más solemne, acompaña la celebración eucarística donde la comunidad se reúne para escuchar la Palabra y participar del sacrificio de Cristo. La Iglesia no ha elegido uno en detrimento del otro: los conserva y los usa según el contexto.

El Credo de los Apóstoles mantiene una ventaja práctica: su concisión lo hace accesible desde la infancia. Por eso se ha asociado tradicionalmente a la enseñanza de la fe y a la renovación de las promesas bautismales. El niceno-constantinopolitano, en cambio, requiere mayor atención, pero su desarrollo doctrinal lo hace especialmente adecuado para la celebración litúrgica, donde el pueblo de Dios profesa su fe de manera plena y pública.

Entender que hay dos credos, y no uno solo, ayuda a superar la confusión de quienes, entrando en una parroquia, escuchan palabras distintas a las que aprendieron de niños. No se trata de cambios arbitrarios ni de versiones rivales. Es la misma fe expresada con la riqueza que permite la tradición: breve para la oración personal, desarrollada para la celebración comunitaria.

Qué significa realmente descendió a los infiernos

De todas las frases del Credo, pocas causan tanta inquietud como esta: «descendió a los infiernos». Para muchos creyentes, suena a condena, a castigo, a un destino de separación definitiva de Dios. Sin embargo, el sentido original es otro, y recuperarlo transforma la comprensión de lo que confesamos.

La expresión latina descendit ad inferos no se refiere al infierno de los condenados, el infernum damnatorum, sino a la morada de los muertos, el sheol hebreo o el hades griego. En la mentalidad del mundo antiguo, la muerte era una bajada: el cuerpo descendía a la tierra, y la sombra del difunto descendía a un lugar oscuro donde ya no había actividad ni relación con los vivos. No era un lugar de tormento para los malos, sino el destino común de toda la humanidad antes de la redención.

Cuando el Credo dice que Cristo «descendió a los infiernos», está afirmando dos verdades fundamentales. La primera es que Jesús murió de verdad. No fingió ni simuló: experimentó la muerte humana en toda su radicalidad, incluida esta bajada que representaba el fin de la existencia terrena. La segunda es que su salvación alcanza también a quienes murieron antes que él. El descenso de Cristo a la morada de los muertos significa que nadie queda excluido de la redención por haber vivido en una época anterior.

Esta interpretación se apoya en textos del Nuevo Testamento que hablan de Cristo predicando «a los espíritus encarcelados» y de que fue «enviado a los muertos para que así fuera anunciado el evangelio también a los difuntos». La tradición cristiana, recogida también en el Catecismo, ha mantenido siempre esta comprensión: el sábado santo, entre la muerte y la resurrección, Cristo estuvo de algún modo presente donde estaban los que esperaban la salvación.

Confesar esta frase, pues, no es afirmar que Cristo sufrió la condenación eterna, sino que su amor es capaz de penetrar hasta lo más profundo, incluso donde parece que ya no queda esperanza. Es una declaración de confianza en la universalidad de la redención y en la realidad histórica de la muerte de Jesús.

La resurrección de la carne: qué se está diciendo exactamente

La última frase del Credo habla de «la resurrección de la carne». En un mundo que suele identificar la vida eterna con la inmortalidad del alma, esta expresión suena extraña, casi materialista. Sin embargo, encierra una de las convicciones más específicas del cristianismo: Dios salva al ser humano entero, no solo una parte de él.

La fe cristiana no niega la inmortalidad del alma. El alma, en efecto, sobrevive a la muerte del cuerpo y permanece en relación con Dios. Pero esta supervivencia no es el fin último que Dios ha preparado. El cristiano espera algo más: la resurrección, es decir, la transformación gloriosa del cuerpo humano para que recomponga la unidad de la persona. El alma separada del cuerpo es, en cierto sentido, incompleta; la persona plena es alma y cuerpo unidos.

Esta esperanza tiene raíces en la experiencia de los apóstoles con el Cristo resucitado. Jesús no apareció como un fantasma ni como una mera aparición espiritual. Comió con sus discípulos, les mostró las heridas, les permitió tocarle. Al mismo tiempo, su cuerpo estaba transformado: podía atravesar puertas cerradas y desaparecer de la vista. La resurrección no es, entonces, una simple reanimación del cadáver, sino una realidad nueva que trasciende las leyes de la física conocida sin dejar de ser corporal.

Confesar la «resurrección de la carne» implica una valoración positiva del cuerpo humano. El cristianismo no considera el cuerpo como una prisión del alma ni como algo despreciable que hay que superar. El cuerpo es constitutivo de la persona, creado por Dios y destinado a la gloria. Esta convicción tiene consecuencias éticas importantes: cómo tratamos nuestro cuerpo y el de los demás, cómo entendemos la enfermedad y la muerte, cómo vivimos la sexualidad y la alimentación. Todo esto adquiere sentido último en la luz de la resurrección.

La frase del Credo, lejos de ser un arcaísmo, es una afirmación radical de esperanza. Ni siquiera la muerte, que descompone el cuerpo, puede frustrar el designio de Dios. El mismo Dios que creó la materia es capaz de reconstituirla en una plenitud que no conocemos, pero que será verdaderamente humana, verdaderamente nuestra.

La comunión de los santos, explicada con un ejemplo

La expresión «la comunión de los santos» aparece en el Credo después de la mención de la Iglesia, como si fuera su explicación. Y en efecto lo es: la Iglesia no es solo una institución visible, sino una realidad que une a seres humanos en niveles distintos de existencia. Para entenderlo, conviene imaginar una escena concreta.

Piense el lector en una familia que reza el rosario una noche de noviembre, cercana a la festividad de Todos los Santos. En esa habitación están el abuelo, que lleva décadas rezando; los padres, que a veces dudan pero se mantienen fieles; los hijos adolescentes, que participan con más o menos voluntad; y un niño pequeño que apenas entiende lo que dice pero siente que algo importante ocurre. Esa familia visible es la Iglesia terrena.

Pero en esa misma oración se acuerdan de la tía que murió hace tres meses. Nadie sabe con certeza en qué estado se encuentra su alma: si ya contempla a Dios, si aún se purifica, o si necesita de las oraciones de los vivos. La familia la nombra y le encomienda el rosario. Esa tía, invisible pero presente, pertenece a la misma comunión. También se acuerdan de san José, de la Virgen, de algún santo favorito. Ellos, que ya gozan de la visión de Dios, interceden por quienes todavía caminan en la fe.

La comunión de los santos es precisamente esto: la unión indisoluble entre todos los que pertenecen a Cristo, vivan donde vivan. No hay ruptura definitiva con los difuntos, porque la muerte no extingue el vínculo del bautismo. No hay distancia infranqueable con los que ya están con Dios, porque su amor sigue activo. La oración de la Iglesia atraviesa todas estas fronteras y las hace permeables.

Esta convicción transforma la experiencia de la muerte y de la pérdida. El cristiano no reza «por» los difuntos como quien hace algo por alguien ausente, sino «con» ellos, en una comunión que se mantiene. Tampoco invoca a los santos como a seres lejanos e inalcanzables, sino como a hermanos mayores que caminan a nuestro lado. La Iglesia, en su misterio más profundo, es siempre plural: los que creen, los que esperan, los que ya ven.

El Credo en el rosario y en el bautismo

El Credo de los Apóstoles no permanece encerrado en los libros de teología. Aparece en momentos concretos de la vida del creyente, especialmente en dos: el rezo del rosario y la celebración del bautismo.

En el rosario, el Credo abre la oración. Antes de empezar a contar los primeros cinco misterios, el cristiano profesa con la brevedad de doce frases toda la fe que va a meditar. Este gesto tiene sentido: no se puede contemplar la vida de Cristo sin antes recordar quién es y qué ha venido a hacer. El Credo funciona como umbral, como puerta de entrada que pone en orden lo que se va a rezar. Quien dice «Creo en Dios Padre» está situándose en la actitud correcta para recibir los misterios que vendrán.

La experiencia práctica confirma esta función. Muchos creyentes, especialmente en América Latina y en zonas rurales de España, han aprendido el Credo precisamente rezando el rosario. La repetición diaria o semanal hace que estas frases se graben en la memoria y, con el tiempo, en el corazón. El Credo del rosario es, para muchos, el Credo de toda la vida.

En el bautismo, el Credo aparece de manera diferente. Cuando un adulto solicita este sacramento, o cuando los padrinos responden en nombre de un niño, renuevan las promesas de la fe mediante el Credo de los Apóstoles. Esta renovación tiene lugar especialmente en la Vigilia Pascual, cuando toda la comunidad recuerda su propio bautismo. Profesar el Credo en ese contexto es reconocer que la fe recibida es la misma que han guardado los creyentes de todos los tiempos, desde los apóstoles hasta hoy.

La diferencia con el Credo de la misa es instructiva. En la eucaristía dominical, la comunidad profesa su fe con el texto más desarrollado, apropiado para la solemnidad de la celebración. En el rosario y en el bautismo, el texto breve permite una adhesión personal, casi íntima. Ambos modos se necesitan: la fe se profesa en comunidad y se medita en soledad, se celebra solemnemente y se renueva en la conciencia de cada uno.

Enseñar el Credo a un niño

Enseñar el Credo a un niño es una de las tareas más delicadas de la catequesis. No se trata solo de lograr que memorice un texto, sino de que ese texto vaya adquiriendo sentido a lo largo de su vida. La pregunta habitual —¿a qué edad empezar?— no tiene una respuesta única, pero sí algunos criterios prácticos.

Hacia los cuatro o cinco años, muchos niños pueden comenzar a familiarizarse con las primeras frases. No se trata de exigir una recitación perfecta, sino de que escuchen, repitan y asocien. El ritmo del Credo ayuda: «Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra» tiene una cadencia que los niños captan con facilidad. En esta etapa, lo importante es que el niño perciba que esto es importante, que sus padres o catequistas lo dicen con seriedad y con cariño.

A medida que avanza la infancia, se pueden ir añadiendo explicaciones sencillas. Dios Padre es como un padre bueno, pero infinitamente más. Jesucristo es el Hijo que nos enseñó a conocer a Dios. El Espíritu Santo es el que nos ayuda a ser buenos. Estas explicaciones son incompletas, lo sabemos, pero lo están todas. Lo que importa es que el niño vaya construyendo unos primeros andamios que luego podrá reforzar.

Algunas frases exigen especial atención. «Descendió a los infiernos» puede asustar si no se explica que no es el infierno de los malos. «La resurrección de la carne» suena raro en una cultura que habla de alma. «La comunión de los santos» parece referirse solo a personas muy piadosas. El catequista o el padre debe estar atento a estas dificultades y abordarlas sin prisa, quizás con ejemplos de la vida familiar o de los evangelios.

La adolescencia plantea un desafío diferente. El joven que ha aprendido el Credo de memoria puede sentirlo como algo vacío, repetido por costumbre. Aquí la tarea es mostrarle que este texto, que él cree conocer, encierra preguntas profundas que todavía no ha hecho. ¿Qué significa realmente «creer»? ¿Por qué la Iglesia insiste en que Jesús es «Dios de Dios»? ¿Qué tiene que ver todo esto con su vida concreta? El Credo bien enseñado no cierra preguntas, las abre.

Finalmente, conviene recordar que el Credo se aprende rezándolo. No es un examen que hay que aprobar, sino una oración que se hace propia poco a poco. El niño que ve a sus mayores rezar el Credo con convicción, que lo escucha en la misa, que lo encuentra en el rosario familiar, está recibiendo algo que las explicaciones solo pueden completar. La fe, en último término, se contagia más que se enseña, y el Credo es uno de sus vehículos más antiguos y más eficaces.


Para profundizar en la fe cristiana, te recomendamos Los 10 Mandamientos y Cómo Rezar el Rosario.

Equipo ReligionHoy
Equipo ReligionHoyVerificado

Equipo editorial

Artículo revisado por el equipo de ReligionHoy, formado por teólogos, catequistas y escritores católicos comprometidos con la ortodoxia doctrinal.

Conoce al equipo →

Velas de ReligionHoy

Enciende una vela por quien la necesita

Tu intención se convierte en una luz en el mapa del mundo. Gratis, sin registro, en un minuto.

Encender mi vela →

Artículos Relacionados

Semana Santa en Marruecos 2026: Guía de Viaje Completa
Equipo ReligionHoy

Semana Santa en Marruecos 2026: Guía de Viaje Completa

Guía completa para pasar la Semana Santa en Marruecos: las mejores ciudades, la presencia cristiana, cómo celebrar la Pascua allí y consejos para un viaje perfecto desde España.

Leer más
Estampas de Semana Santa: Historia, Coleccionismo y Dónde Comprarlas
Equipo ReligionHoy

Estampas de Semana Santa: Historia, Coleccionismo y Dónde Comprarlas

Estampas de Semana Santa: Historia, Coleccionismo y Dónde Comprarlas

Leer más
Semana Santa en Filipinas: Pasión de Cristo, Flagelantes y Fe Profunda
Equipo ReligionHoy

Semana Santa en Filipinas: Pasión de Cristo, Flagelantes y Fe Profunda

Semana Santa en Filipinas: Pasión de Cristo, Flagelantes y Fe Profunda

Leer más
Semana Santa en Portugal: Braga, Fátima y las Mejores Procesiones
Equipo ReligionHoy

Semana Santa en Portugal: Braga, Fátima y las Mejores Procesiones

Semana Santa en Portugal: Braga, Fátima y las Mejores Procesiones

Leer más
** Semana Santa en Roma 2026: Guía Completa para Peregrinos
Equipo ReligionHoy

** Semana Santa en Roma 2026: Guía Completa para Peregrinos

Guía completa para vivir la Semana Santa en Roma: los actos del Papa, el Via Crucis en el Coliseo, las basílicas imprescindibles, dónde alojarse y consejos para peregrinos hispanohablantes.

Leer más
Partida de Bautismo: Cómo Pedirla en España y América Latina 2026
Equipo ReligionHoy

Partida de Bautismo: Cómo Pedirla en España y América Latina 2026

Todo sobre la partida de bautismo: qué es, para qué sirve, qué información contiene y cómo pedirla paso a paso en España y en los principales países de Latinoamérica.

Leer más
Santiago Apóstol: Vida, Milagros y Devoción al Patrón de España
Equipo ReligionHoy

Santiago Apóstol: Vida, Milagros y Devoción al Patrón de España

Santiago Apóstol: Vida, Milagros y Devoción al Patrón de España

Leer más
Santuario de la Virgen de Montserrat: Guía Completa para Peregrinos 2026
Equipo ReligionHoy

Santuario de la Virgen de Montserrat: Guía Completa para Peregrinos 2026

Santuario de la Virgen de Montserrat: Guía Completa para Peregrinos 2026

Leer más

Preguntas Frecuentes

¿Cuál es el texto completo del Credo Apostólico?▼
"Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén."
¿Cuál es la diferencia entre el Credo Apostólico y el Credo Niceno?▼
El Credo Apostólico es más breve y antiguo, usado en el rosario y los sacramentos. El Credo Niceno es más largo y preciso teológicamente, resultado de los Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381). En la Misa dominical se recita el Credo Niceno. Ambos expresan la misma fe católica.
¿Qué significa "descendió a los infiernos" en el Credo?▼
No significa que Jesús fue condenado. Significa que al morir fue al sheol hebreo o hades griego —el lugar de los muertos— para anunciar a los justos que habían muerto antes de su venida que la salvación había llegado. El Catecismo (nº 632-635) explica que fue a "libertar a las almas de los justos".
¿Por qué el Credo dice "la Santa Iglesia Católica"?▼
"Católica" viene del griego y significa "universal". No es un término sectario: indica que la Iglesia es para todos los pueblos, tiempos y culturas. La Iglesia es santa no por la perfección de sus miembros sino por su fundador y los sacramentos que celebra.
¿Cuándo se reza el Credo Apostólico?▼
Se reza al inicio del Rosario (es la primera oración), en los ritos de iniciación cristiana, en la renovación de las promesas bautismales y como profesión de fe personal. En la Misa dominical se usa el Credo Niceno (más largo). Ambos expresan la misma fe.

Comentarios

¿Tienes una experiencia o duda sobre este tema? Compártela con la comunidad.